Desde 2024 las ventas de vino en Salta no recuperaron los niveles del año anterior. Caída en el consumo, presión impositiva y la ley de alcohol cero concentran las críticas del sector.

El presidente de Bodegas de Salta confirmó que 2023 fue el último ejercicio positivo para la industria vitivinícola provincial. Desde entonces, el consumo cayó de forma sostenida y el sector no encontró señales de recuperación. La declaración refleja una situación que preocupa a los productores de una de las regiones vineras más importantes del país.
La entidad agrupa a las bodegas que operan en la provincia, mayormente concentradas en los Valles Calchaquíes y el Valle de Lerma. El sector emplea a miles de trabajadores y exporta variedades como el Torrontés, que tiene denominación de origen en Salta. La referencia a 2023 como 'el último buen año' marca un punto de inflexión que coincide con el endurecimiento de varias políticas públicas y el deterioro del poder adquisitivo de los consumidores.
Uno de los principales reclamos del sector es la carga tributaria que pesa sobre la producción y comercialización de vinos. Según los referentes de la industria, los impuestos acumulados —nacionales, provinciales y municipales— encarecen el producto final y reducen el margen de competitividad frente a otras bebidas o frente a vinos importados. La presión fiscal aparece como un factor estructural que se suma a la caída de la demanda interna.
El pedido concreto del presidente de Bodegas de Salta apunta a una revisión integral de la política de alcohol cero al volante. Desde que la norma se aplicó con mayor rigor, el consumo en bares, restaurantes y eventos gastronómicos bajó de manera visible. Para los bodegueros, la medida afectó directamente el canal de consumo fuera del hogar, que es uno de los más rentables para el vino de calidad.
La postura del sector no es eliminar las restricciones al manejo bajo los efectos del alcohol, sino revisar de qué manera se aplican y si existen alternativas que no penalicen el consumo responsable. Algunos productores proponen modelos como los que rigen en países europeos, donde se permite una cantidad mínima de alcohol en sangre para conductores, diferenciando entre consumo moderado y estado de ebriedad. La discusión está abierta y no tiene resolución a corto plazo.
A la caída del consumo interno se suma la volatilidad del tipo de cambio, que afecta los costos de insumos importados como corchos, etiquetas y maquinaria. Las bodegas medianas y pequeñas son las más expuestas porque no tienen escala para absorber esas variaciones. Varias de ellas ya redujeron su producción o postergaron inversiones previstas para este año.
El panorama para lo que resta de 2026 no genera optimismo en el sector. Sin señales de recuperación del consumo masivo, con impuestos que no bajan y con la política de tránsito como factor adicional de restricción, los bodegueros salteños esperan que el gobierno provincial y el nacional abran una mesa de diálogo específica para la actividad. Por ahora, la industria aguarda respuestas concretas mientras intenta sostener los niveles de empleo y exportación que la posicionan como referente regional.
Fuente: Cuarto
¿Por qué los bodegueros salteños dicen que 2023 fue el último buen año?
Porque desde 2024 el consumo de vino cayó de forma sostenida, sin que el sector haya podido recuperar los volúmenes de venta registrados en ese período.
¿Qué relación tiene la ley de alcohol cero con la caída en las ventas de vino?
Los productores sostienen que la aplicación estricta del alcohol cero al volante redujo el consumo en bares, restaurantes y eventos, afectando uno de los canales de venta más importantes para el vino de calidad.
¿Qué medidas piden los bodegueros salteños al gobierno?
Solicitan una reducción de la carga impositiva sobre la producción y comercialización de vinos, y una revisión de la política de alcohol cero para que no penalice el consumo moderado fuera del hogar.

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