Palmeras, vitrales y una pileta con trampolín de madera sobreviven en San Alberto. Nadie informó cuándo ni por qué quedó vacía la casona de la familia Alvear.

En el partido bonaerense de General Pinto, a pocos kilómetros de Junín, una torre mirador asoma entre palmeras y eucaliptos en medio del campo. Es la estancia San Alberto, una residencia construida en la década de 1920 que remite a una fortaleza medieval. Hoy está abandonada y, según la información disponible, no hay datos oficiales sobre las razones ni sobre la fecha en que quedó vacía.
La casa principal se levantó por iniciativa de Josefina Errázuriz Alvear y su marido, Alberto Gómez de Tezanos Pinto, y de él heredó el nombre la estancia. Su origen está ligado a los Alvear, una de las familias más influyentes del país, que a mediados del siglo XIX participó del proceso de poblamiento del norte bonaerense, entonces territorio de frontera que el Estado buscaba ocupar y volver productivo.
Diego Federico de Alvear Sáenz de la Quintanilla, senador nacional y estanciero que vivió entre 1825 y 1887, impulsó la consigna de poblar y producir. Formó parte de una élite que promovió colonias agrícolas y ganaderas en el sur de Santa Fe, el norte de Buenos Aires y otras zonas del interior.
En 1884 se definieron los límites entre Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, y parte de esas tierras quedó del lado bonaerense. Así surgieron colonias como Teodelina, bautizada con el nombre de la esposa de Alvear, y San Ricardo, cuya aprobación se pidió en 1893 en nombre de las hermanas Alvear casadas con Ricardo Lézica y Pedro Christophersen. Con la llegada del ferrocarril, esos pueblos crecieron y las tierras ganaron valor.

La arquitectura de la casona es ecléctica, con rasgos neocoloniales y medievales poco habituales en el paisaje pampeano. Tiene techo a cuatro aguas con tejas rojas, ventanas de medio punto con rejas, muros ornamentados y una virgen al frente. Desde la torre, la construcción se impone sobre el terreno llano y contrasta con la vegetación que la rodea.
Alrededor de la casa hay gran cantidad de palmeras que compiten en altura con la torre, además de eucaliptos y una araucaria que, se cree, plantó la familia durante su estadía. En otro sector se destaca una pileta de natación con trampolín de madera, llamativa por su tamaño.
Puertas adentro sobreviven vitrales azules, amarillos y rojos, azulejos con diseños geométricos y una chimenea con el escudo familiar, que muestra un águila en relieve. También quedan un comedor de madera y una cocina con sótano.

El paso del tiempo se nota en el polvo sobre los pasillos, en los vitrales que filtran la luz del sol y en habitaciones que apenas se ven con la linterna de algún visitante. La falta de información sobre el abandono alimenta el misterio que rodea al lugar.
La estancia San Alberto se volvió un destino para aficionados a la fotografía, la historia regional y las escapadas distintas. Sigue sin conocerse por qué la familia dejó la casona, un dato pendiente sobre un edificio que resume cómo se pobló y se produjo en el campo bonaerense.
Fuente: Radio Mitre
¿Dónde queda la estancia San Alberto?
En el partido de General Pinto, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, a pocos kilómetros de Junín.
¿Quién mandó construir la casona?
La casa principal se construyó en la década de 1920 por iniciativa de Josefina Errázuriz Alvear y su marido, Alberto Gómez de Tezanos Pinto.
¿Por qué está abandonada la estancia?
No hay información oficial sobre los motivos ni sobre la fecha exacta en que quedó vacía.

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