Más del 75% de las personas en América Latina y el Caribe recortó al menos un gasto en el último año para afrontar los costos de vivienda. Un estudio de Hábitat para la Humanidad, con datos de 30.758 personas en 22 países, detalla el alcance del problema.
Pagar por un techo está obligando a millones de latinoamericanos a elegir entre la vivienda y otras necesidades básicas. Según el informe 'Un hogar, pero ¿a qué costo?' de la ONG Hábitat para la Humanidad, el 33% de los encuestados en la región redujo su gasto en alimentos, el 32% echó mano de sus ahorros o fondos de emergencia, y el 13% postergó o directamente evitó consultas médicas para poder cubrir los gastos habitacionales.
El relevamiento, presentado el 4 de octubre, tomó testimonios de casi 31.000 personas en 22 países del mundo. En América Latina y el Caribe, el escenario es más complejo que en otras regiones: la informalidad laboral, el déficit estructural de vivienda y las trabas para acceder al crédito potencian el problema y lo vuelven circular.
Ernesto Castro, vicepresidente de Área para la región de Hábitat para la Humanidad, señala que el déficit habitacional golpea a más del 40% de la población latinoamericana. Unos 120 millones de personas viven en asentamientos informales, y más del 78% de quienes trabajan lo hacen en la informalidad, lo que les cierra las puertas al financiamiento formal.
'Las familias no tienen los recursos para acceder a una vivienda o muchas veces a un alquiler y, por la altísima informalidad, no pueden acceder al financiamiento. Esto se convierte en una doble exclusión', explicó Castro en diálogo con la agencia EFE.
Castro también apunta que el problema no es solo cuantitativo. Gran parte del déficit es cualitativo: viviendas construidas con materiales precarios, sin acceso a agua potable, cloacas o electricidad. A eso se suman la mala localización urbana, la exposición a riesgos climáticos y la debilidad de las instituciones que deberían regular y resolver el acceso al suelo y al crédito.
La presión económica que genera la vivienda no se queda en el presente inmediato. Según el estudio, el 56% de los encuestados en la región dice que los costos habitacionales les dificultan pensar en formar una familia. Entre los jóvenes de la Generación Z y los millennials, ese porcentaje sube al 62%.
Eso significa que la crisis de vivienda ya no es solo una cuestión de infraestructura o mercado inmobiliario: atraviesa proyectos de vida, postergación de maternidad y paternidad, y decisiones que antes se consideraban personales pero que hoy están condicionadas por el costo del metro cuadrado.
Mientras los datos se acumulan, el debate sobre cómo ampliar el acceso a la vivienda formal en la región sigue sin respuestas concretas. La combinación de informalidad laboral, falta de crédito accesible y déficit estructural configura un escenario donde, para una porción mayoritaria de la población, tener un techo propio o alquilado sigue siendo un esfuerzo que se paga con salud, alimentación o futuro.
Fuente: Infobae
¿Qué es el estudio 'Un hogar, pero ¿a qué costo?' y quién lo realizó?
Es una investigación de la ONG Hábitat para la Humanidad que relevó las condiciones de acceso a la vivienda en 22 países, con testimonios de casi 31.000 personas en todo el mundo.
¿Cuántas personas viven en asentamientos informales en América Latina?
Según Hábitat para la Humanidad, unos 120 millones de personas en América Latina y el Caribe residen en asentamientos informales.
¿Por qué la informalidad laboral agrava el problema de vivienda en la región?
Porque quienes trabajan en la informalidad no pueden acreditar ingresos formales y quedan excluidos del acceso al crédito hipotecario o a garantías para alquilar, según explicó el vicepresidente regional de Hábitat para la Humanidad.

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