Álvaro López, adiestrador canino, explica por qué algunos perros reaccionan mal ante encuentros frontales. Propone cambiar rutinas de paseo y una semana de desestrés para revertir el problema.

Cuando un perro gruñe, tira de la correa o ladra sin parar cada vez que cruza a otro can en la vereda, el problema tiene nombre: reactividad. El adiestrador Álvaro López advierte que continuar con los mismos recorridos de siempre es uno de los errores más comunes que cometen los dueños, y que lejos de mejorar la situación, la agrava con cada salida.
López explica que la reactividad frente a otros perros no aparece de la nada. En la mayoría de los casos se construye a partir de encuentros repetidos que el animal vive como amenaza o como situaciones que no puede controlar. El encuentro frontal entre dos perros, directo y sin margen de maniobra, es justamente el escenario que más dispara esa respuesta.
La primera medida que propone el adiestrador es dejar de usar los mismos caminos por donde el perro ya asoció conflictos. Variar los horarios, las calles y los puntos del recorrido reduce la cantidad de estímulos conocidos que activan la reacción. No es una solución definitiva, pero corta el ciclo de exposición constante que refuerza el comportamiento.
A esto le suma una semana de desestrés: un período en el que el animal sale a pasear sin enfrentarse a situaciones que lo superen. Sin cruzar perros de frente, sin aglomeraciones, sin presiones. El objetivo es bajar el nivel general de activación del sistema nervioso del perro, que en casos de reactividad sostenida suele estar permanentemente elevado.
Una vez que el animal baja su umbral de estrés, López recomienda trabajar la desensibilización de forma progresiva. Eso significa exponer al perro a otros canes, pero desde una distancia a la que todavía no reaccione. Desde ahí se trabaja con refuerzo positivo: el perro aprende que la presencia del otro no implica peligro ni confrontación.
La clave, según el adiestrador, es no apresurarse. Muchos dueños intentan que el perro 'se acostumbre' obligándolo a estar cerca de aquello que lo perturba. Esa estrategia suele tener el efecto contrario: aumenta la sensibilidad y consolida la reactividad en lugar de reducirla.
El rol del dueño durante el paseo también cuenta. La tensión en la correa, los movimientos bruscos o la anticipación nerviosa del humano se transmiten al perro y pueden activar la respuesta antes incluso de que el otro animal esté cerca. Parte del trabajo, entonces, implica también modificar cómo se comporta la persona al otro extremo de la correa.
López señala que cuando la reactividad es intensa, frecuente o va acompañada de intentos de mordida, el trabajo amateur puede ser insuficiente o contraproducente. En esos casos, la intervención de un adiestrador con experiencia en modificación de conducta es la vía más segura tanto para el perro como para quienes lo rodean.
Cambiar la ruta del paseo puede parecer una medida menor, pero según López es el punto de partida de un proceso que, con constancia y sin forzar los tiempos, puede cambiar por completo la experiencia cotidiana de sacar a un perro a la calle.
Fuente: Radio Mitre
¿Qué es la reactividad en los perros?
Es una respuesta exagerada ante ciertos estímulos, como otros perros, que se manifiesta con ladridos, tirones de correa o gruñidos. No equivale necesariamente a agresividad, pero puede derivar en ella si no se trabaja a tiempo.
¿En qué consiste la semana de desestrés que propone el adiestrador?
Es un período de paseos sin exposición a situaciones que superen al perro: sin encuentros frontales con otros canes, sin entornos muy cargados de estímulos. El objetivo es reducir el nivel de estrés acumulado antes de iniciar cualquier trabajo de desensibilización.
¿La reactividad canina tiene solución?
En la mayoría de los casos puede reducirse significativamente con un trabajo gradual de desensibilización y cambios en la rutina de paseo. Los casos más severos requieren la guía de un adiestrador profesional.

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