Cuatro presidentes, el mismo patrón: ninguno admitió que su modelo causara la desaceleración. Milei repite la historia pero con un tono más confrontativo que sus antecesores.
Javier Milei enfrenta en 2025 el mismo dilema que atravesaron Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri en sus respectivos mandatos: cómo explicar la falta de dinamismo económico sin admitir que la propia gestión tiene algo que ver. La economía no despega al ritmo que se prometió, y el Presidente optó por un camino que sus antecesores también transitaron, aunque con variantes propias.
El problema de fondo es la interpretación de los números. En política, los datos estadísticos rara vez funcionan como árbitros neutrales: cada gobierno los encuadra según su conveniencia, y cuando la polarización es alta, el margen para un debate racional se achica hasta casi desaparecer. Argentina vuelve a estar en ese punto.
Menem tuvo el 'efecto tequila' como coartada cuando el desempleo trepó al 18,6% en junio de 1995, apenas un mes después de ganar la reelección. Había prometido pulverizar la desocupación con la misma velocidad con que bajó la inflación, pero el número lo persiguió hasta el final de su segundo mandato.


De la Rúa intentó otro camino: decía que las condiciones para la recuperación estaban dadas, pero que los argentinos todavía no habían hecho el 'click' para consumir. Sus economistas llegaron a explicar la recesión por la cantidad de feriados que había tenido un mes específico, como si eso alcanzara para justificar la parálisis. Macri, por su parte, acuñó la expresión 'brotes verdes' y prometió 'cataratas de inversiones' que siempre llegaban en el próximo semestre. El único funcionario que se distinguió fue Nicolás Dujovne, quien admitió que había recesión, aunque con el matiz de que no era una crisis.
Milei comparte el núcleo del relato: la desaceleración no es consecuencia del modelo, sino de factores externos o de la herencia recibida. Sin embargo, a diferencia de Menem, De la Rúa y Macri, el actual Presidente va más lejos en la confrontación. En lugar de buscar atenuantes técnicos o metáforas esperanzadoras, apunta directamente contra quienes cuestionan su gestión, ya sean periodistas, economistas o dirigentes opositores.
Esa postura quedó en evidencia en dos entrevistas recientes que concedió, donde el tono fue más el de un debate de ideas que el de una rendición de cuentas. El Presidente elige el terreno de la disputa cultural e ideológica antes que el de los indicadores concretos.
El desafío para cualquier gobierno es sostener la credibilidad cuando la realidad cotidiana no confirma las promesas. En los tres casos anteriores, el deterioro acumulado terminó pasando factura electoral o institucional. Menem cerró su ciclo con altos índices de desempleo; De la Rúa no terminó su mandato; Macri perdió la reelección.
Milei tiene por delante las elecciones legislativas de 2025, y la economía seguirá siendo el principal campo de batalla discursiva. La pregunta no es si los números van a hablar, sino quién va a tener más poder para imponer su lectura de lo que dicen.
Fuente: La Nación
¿Por qué se compara a Milei con Menem, De la Rúa y Macri en materia económica?
Los cuatro presidentes enfrentaron períodos de enfriamiento económico sin reconocer que el propio modelo de gestión contribuía a esa desaceleración, recurriendo en cambio a factores externos o argumentos alternativos para explicarlo.
¿Cuál fue el nivel de desempleo durante el segundo mandato de Menem?
En junio de 1995, un mes después de ganar la reelección, el desempleo en Argentina llegó al 18,6%, cifra que se convirtió en uno de los problemas centrales del resto de su gestión.
¿Qué diferencia concreta tiene el discurso de Milei respecto al de sus antecesores ante la falta de dinamismo económico?
A diferencia de Menem, De la Rúa y Macri, que buscaban justificaciones técnicas o metáforas optimistas, Milei opta por confrontar directamente con quienes cuestionan su gestión, desplazando el debate hacia el terreno ideológico.

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