La provincia acumula años de deudas estructurales en materia energética. El debate sobre cómo garantizar el suministro sigue abierto.

Mendoza enfrenta desde hace décadas un desafío que ninguna gestión provincial logró cerrar del todo: garantizar un abastecimiento energético estable, diversificado y suficiente para sostener tanto el consumo doméstico como el desarrollo productivo. La provincia depende en gran medida de la red nacional y de fuentes que no siempre responden a la demanda local con la velocidad que se necesita.
El problema no es nuevo. Desde los años noventa, distintos gobiernos impulsaron proyectos de generación, distribución y transporte de energía que avanzaron a ritmos dispares, muchos de ellos frenados por falta de financiamiento, conflictos tarifarios o cambios de prioridades políticas. El resultado es una infraestructura que creció de forma desigual según la zona y el tipo de usuario.
Mendoza tiene recursos naturales que podrían convertirla en una provincia con mayor autonomía energética. La cuenca del río Atuel, los vientos patagónicos que ingresan por el sur y la radiación solar en zonas del este y noreste configuran un mapa de potencial renovable que todavía está lejos de explotarse al máximo. Proyectos de energía solar y eólica se desarrollaron en los últimos años, pero su escala aún no alcanza para modificar de fondo la matriz provincial.
El gas natural sigue siendo el pilar del sistema. La red de gasoductos que cruza el territorio mendocino permite abastecer a buena parte de los hogares y a la industria, aunque las interrupciones en invierno revelan que la capacidad instalada no siempre es suficiente frente a los picos de consumo. En ese contexto, la discusión sobre nuevas obras de transporte de gas volvió a ganar terreno en los últimos meses.
Otro eje del debate es el tarifario. La transición hacia esquemas con menos subsidios federales golpeó a los usuarios mendocinos de manera diferente según su nivel de consumo y zona de residencia. Los sectores de menores ingresos concentraron la mayor parte de los reclamos, mientras que las industrias negociaron contratos directos con generadores para amortiguar el impacto.
La distribución eléctrica también mostró sus límites. Cortes prolongados en zonas urbanas y rurales evidenciaron que la red de media y baja tensión necesita inversión sostenida. La empresa distribuidora enfrentó críticas por la demora en las respuestas y por la falta de comunicación durante las emergencias.
El camino que le queda a Mendoza en materia energética exige decisiones que van más allá de una gestión. Requiere acuerdos de largo plazo entre el Estado provincial, las empresas del sector y los municipios, con financiamiento claro y metas verificables. Sin ese piso de acuerdos, cada gobierno seguirá encontrando el mismo problema al arrancar y dejándolo a medias al terminar.
Fuente: MDZ Online
¿De dónde obtiene Mendoza la mayor parte de su energía?
La provincia depende principalmente del gas natural y de la red eléctrica nacional, con un aporte creciente pero todavía limitado de fuentes renovables como la energía solar y eólica.
¿Qué proyectos de energía renovable existen en Mendoza?
En los últimos años se desarrollaron parques solares y eólicos en zonas del este y sur provincial, aunque su capacidad instalada aún no modifica de manera significativa la matriz energética local.
¿Por qué se producen cortes de luz frecuentes en la provincia?
Los cortes responden a una combinación de factores: infraestructura de distribución envejecida, picos de demanda en invierno y verano, y falta de inversión sostenida en la red de media y baja tensión.

Corrales anegados y humedad persistente elevan el riesgo de mortandad en las crías. Crianceros del sur mendocino enfrentan el problema sin infraestructura pensada para grandes volúmenes de agua.
Sin datos publicados en el material disponible, se conoce solo la edición del informe sanitario provincial. Se desconocen por ahora cifras de casos y enfermedades bajo vigilancia.

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