Un estudio publicado en Nature reveló que los invertebrados acuáticos son una fuente subestimada de omega-3, vitaminas y minerales esenciales. Argentina los consume muy por debajo de sus vecinos regionales.

La producción mundial de invertebrados acuáticos contiene suficiente vitamina B12 y selenio para cubrir las necesidades anuales de más de 5.000 millones de personas. Esa es una de las conclusiones centrales de una investigación publicada en la revista Nature, que pone en evidencia cuánto se subestima el valor nutricional de los mariscos a nivel global, y en Argentina en particular.
El trabajo fue liderado por Jessica Zamborain-Mason, profesora adjunta de Ciencias Marinas en la Universidad Rey Abdullah de Ciencia y Tecnología (KAUST), en Arabia Saudita. Su equipo analizó 30 nutrientes esenciales presentes en crustáceos y moluscos, como langostinos, centollas, calamares y almejas, todos agrupados bajo el término comercial 'mariscos'. Los resultados mostraron que su aporte nutricional está 'significativamente subestimado' en la alimentación humana.
El estudio evaluó 13 minerales, 11 vitaminas, 5 ácidos grasos esenciales y proteína total. Además de la vitamina B12 y el selenio, los mariscos contienen suficiente yodo, zinc, cobre y ácidos grasos omega-3 para cubrir las necesidades de más de 1.000 millones de personas por año. 'Durante demasiado tiempo medimos el éxito de los sistemas alimentarios acuáticos en toneladas de producción, en lugar de en los nutrientes que aportan', señaló Zamborain-Mason en un comunicado de KAUST.

Para Argentina, los datos tienen una lectura particular. El país tiene costa atlántica y produce langostinos que exporta en grandes volúmenes, pero su consumo interno es notoriamente bajo. Platos como rabas, mejillones o camarones aparecen esporádicamente en la mesa local, y el consumo per cápita está muy por debajo del de Chile o Uruguay, dos países vecinos con culturas culinarias marinas más arraigadas.
Entre las barreras que explican el bajo consumo en Argentina figuran el precio, la poca disponibilidad en el interior del país, el desconocimiento sobre cómo prepararlos y, en algunos casos, la desconfianza respecto a su frescura. A eso se suma una cultura gastronómica históricamente centrada en la carne vacuna, que desplazó a los productos del mar a un lugar marginal en la dieta cotidiana.
Los especialistas en nutrición suelen señalar que incorporar mariscos con regularidad podría mejorar la ingesta de micronutrientes en poblaciones con déficits específicos, como el yodo o el omega-3. Sin embargo, las campañas de promoción del consumo interno son escasas y la cadena de distribución de estos productos no llega con la misma eficiencia que otros alimentos proteicos.
El estudio de Nature plantea una discusión más amplia sobre cómo los sistemas alimentarios globales miden su propio impacto. Si el criterio fuera nutricional y no solo volumétrico, los mariscos ocuparían un lugar mucho más relevante en las políticas alimentarias. Para Argentina, que tiene recursos naturales para producirlos, el desafío es doble: aumentar el consumo interno y generar conciencia sobre su potencial como alimento accesible y nutritivo.
Fuente: Clarín
¿Qué nutrientes tienen los mariscos según el estudio de Nature?
El estudio identificó vitamina B12, selenio, yodo, zinc, cobre y ácidos grasos omega-3 como los nutrientes más destacados en crustáceos y moluscos.
¿Por qué Argentina consume tan pocos mariscos en comparación con países vecinos?
Los factores principales son el precio elevado, la distribución limitada fuera de la costa, el desconocimiento culinario y una tradición alimentaria centrada en la carne vacuna.
¿Qué invertebrados acuáticos se consideran mariscos?
El término agrupa a crustáceos como langostinos, camarones y centollas, y a moluscos como calamares, almejas, mejillones y vieiras.

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