Camiones con capacidad ociosa y frío obligatorio encarecen cada unidad que sale de planta. Las toneladas movilizadas cayeron cerca de 35% en quince años, y los costos fijos del viaje no bajaron.

La logística ya representa un tercio del costo de la industria láctea argentina, según un análisis sobre la cadena de distribución del sector. El cálculo incluye el almacenamiento, el mantenimiento de la temperatura y el traslado de los productos desde la planta hasta supermercados, almacenes y otros puntos de venta. Aunque la materia prima suele ser lo primero que se asocia al costo de un yogur, un queso o un litro de leche, el proceso posterior pesa cada vez más.
El problema se explica por la combinación de la geografía, la dependencia del camión y la caída del volumen transportado. Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market, resumió el panorama general: “El costo logístico continúa siendo uno de los principales factores que condicionan la competitividad de la economía argentina. La extensión territorial, la dependencia del transporte automotor, las deficiencias de infraestructura y la volatilidad de los costos operativos impactan directamente sobre el precio final de los bienes y la rentabilidad de las empresas”.
Muchos lácteos son perecederos y exigen condiciones específicas de temperatura durante el almacenamiento y el transporte. El Código Alimentario Argentino fija un máximo de 8 °C para la leche pasteurizada y de 10 °C para las leches fermentadas, entre ellas el yogur. La leche UHT es la excepción: no necesita refrigeración antes de abrirse.
El frío implica mucho más que el equipo instalado en un camión. Se necesitan vehículos y cámaras especializadas, mantenimiento, energía, controles sanitarios y una operación condicionada por los tiempos de carga y descarga y por la compatibilidad entre productos. Con mercadería de vida útil corta, el costo sube todavía más cuando hay poca densidad de entregas, recorridos urbanos extensos o retornos con baja ocupación.
A eso se suma la geografía. Más del 90% de la carga doméstica argentina viaja por camión, y el ferrocarril y las vías fluviales tienen una participación mucho menor. Para una industria con redes de distribución extensas, la ruta ocupa un lugar central y deja poco margen para alternativas.
El costo no depende solo de cuánto sale cada recorrido, sino de cuánto producto viaja en el camión. Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (Ocla), el consumo de lácteos cayó cerca de 15% en la última década, medido en litros equivalentes. La baja vino acompañada por cambios en los productos elegidos, los canales de compra y la frecuencia de consumo.
La reducción fue mayor en el volumen transportado: en los últimos quince años, las toneladas movilizadas por la industria láctea bajaron alrededor de 35%. La capacidad logística, en cambio, no disminuyó en la misma proporción, de modo que en algunos recorridos los camiones circulan con capacidad ociosa.
La cuenta es sencilla. Personal, combustible, mantenimiento y refrigeración se pagan igual aunque haya menos mercadería, y al repartirse entre menos productos encarecen cada unidad transportada. El sector enfrenta así menos carga por camión, pero con casi los mismos kilómetros por recorrer, un desequilibrio que seguirá presionando sobre los costos mientras el consumo no se recupere.
Fuente: Puntal
¿Qué porcentaje del costo de la industria láctea representa la logística?
Alrededor de un tercio del costo de la industria láctea corresponde a la logística, que incluye almacenamiento, frío y distribución.
¿Cuánto cayó el volumen transportado por la industria láctea?
Las toneladas movilizadas bajaron cerca de 35% en los últimos quince años, mientras que el consumo en litros equivalentes cayó cerca de 15% en la última década, según Ocla.
¿Qué temperatura exige el Código Alimentario Argentino para los lácteos?
Fija un máximo de 8 °C para la leche pasteurizada y de 10 °C para las leches fermentadas, como el yogur. La leche UHT no necesita refrigeración antes de abrirse.

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