Sin inscripción y con una cuota de materiales tres veces al año, un jardín de zona norte funciona así desde hace años. Sus fundadoras evitaron convertirse en escuela privada.

Varios jardines de infantes de Santa Fe optaron por transformarse en cooperativas para seguir funcionando en medio de la crisis. Lo hicieron para sostener las fuentes de trabajo, regularizar a sus docentes y no dejar sin lugar a las familias y los niños que asisten. Lucrecia Mastrángelo, cineasta, docente y una de las fundadoras de un jardín de zona norte, explicó el caso de su institución en declaraciones a La Capital.
Según relató, el cambio de figura jurídica permitió trabajar en blanco, algo que durante muchos años no pudieron hacer porque no se les permitía funcionar. Además, les dio una alternativa a las otras dos salidas que tenían a mano: cobrar una cuota alta que dejara al jardín fuera del alcance del barrio o convertirse en escuela privada, como ocurrió con muchos otros espacios. "Nos reconvertimos en cooperativa para poder subsistir y trabajar en blanco, ya que muchos años no pudimos funcionar porque no se nos permitía. Tampoco queríamos cobrar una cuota muy cara que se transforme inaccesible para el barrio ni queríamos convertirnos en escuela privada, como pasó con muchos jardines", señaló.
Mastrángelo sostuvo que la cooperativa también permitió conservar el modelo pedagógico del jardín y seguir formando docentes. El proyecto se inspira en las hermanas Cossettini y en María Montessori, entre otros referentes, y se organiza en talleres de juegos simultáneos. El niño elige qué hacer, como en una gran Isla de los Inventos, porque en ese tipo de exploración se produce el aprendizaje.

Para la fundadora, el único éxito del jardín fue respetar los derechos del niño y la importancia pedagógica de jugar con las manos, de promover el "enchastre". La institución tiene huerta, espantapájaros y otros elementos que, según explicó, responden a la necesidad de volver a la naturaleza. Una salida distinta, afirmó, habría significado entregar conquistas pedagógicas y volver elitista el espacio.
Las fundadoras sostuvieron el jardín como pudieron cuando cada vez costaba más mantenerlo. "Siempre las dueñas en sala hacíamos todo, nos fuimos agrandando en cantidad de chicos y así lo decidimos porque la cooperativa nos pareció la forma más justa y solidaria para todos", evaluó Mastrángelo. El jardín no cobra inscripción: las familias pagan solo una cuota de materiales tres veces al año.
Las compras de materiales y de alimentos se resuelven de forma cooperativa, como parte de una política colaborativa general. El uniforme se estampa sobre un buzo que cada familia aporta con lo que puede. Mastrángelo aseguró que buscan que los docentes reciban una remuneración acorde, aunque admitió que sostener el proyecto exige esfuerzo: "Se trata de resistir siempre de algún modo".
El caso se suma a otras estrategias de los jardines santafesinos frente a la baja natalidad, como la fusión de salas y la extensión de horarios. Queda por verse cuántas instituciones más adoptarán la figura cooperativa en un contexto en que cada vez cuesta más sostener los espacios de educación inicial.
Fuente: La Capital
¿Por qué los jardines de infantes se convierten en cooperativas?
Para sostener las fuentes de trabajo, regularizar a los docentes y seguir recibiendo a las familias sin cobrar cuotas inaccesibles ni convertirse en escuelas privadas.
¿Cuánto cobra el jardín cooperativo de zona norte?
No cobra inscripción. Las familias pagan solo una cuota de materiales tres veces al año.
¿Qué modelo pedagógico aplica este jardín?
Se inspira en las hermanas Cossettini y en María Montessori, con talleres de juegos simultáneos en los que los niños eligen la actividad.

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