Desprendimientos cada vez más frecuentes en la alta montaña preocupan a científicos y autoridades. Un informe reciente vincula los derrumbes con el retroceso glaciar y advierte sobre un riesgo catastrófico similar al de Nepal.

La zona de alta montaña que rodea El Chaltén, en Santa Cruz, registra derrumbes con una frecuencia que alarma a los especialistas. Un informe técnico reciente confirmó que el retroceso de los glaciares está desestabilizando las paredes rocosas, lo que genera desprendimientos que antes eran excepcionales y ahora se vuelven parte del paisaje habitual. El mismo fenómeno que destruyó localidades enteras en Nepal podría repetirse en el corazón de la Patagonia argentina.
El problema de fondo es físico: los glaciares funcionan como 'pegamento' para las rocas de alta montaña. Cuando el hielo retrocede, las paredes quedan expuestas y sin sostén, lo que aumenta la probabilidad de que grandes bloques se desprendan. El calentamiento global acelera ese proceso, y El Chaltén —uno de los destinos de trekking más visitados del país— está en el centro de esa ecuación.
El relevamiento identificó múltiples sitios con riesgo activo en los cerros que rodean al pueblo. Los investigadores documentaron casos recientes de desprendimientos de distinta magnitud, algunos captados en video, que muestran columnas de polvo y roca cayendo por laderas frecuentadas por turistas y montañistas. La combinación de deshielo, lluvia y variaciones térmicas extremas se señala como el principal desencadenante.

La comparación con Nepal no es antojadiza. En ese país, el deshielo acelerado de glaciares del Himalaya produjo avalanchas y derrumbes que sepultaron poblados enteros. Los técnicos advierten que, si bien la escala y la densidad poblacional son distintas, los mecanismos geológicos son equivalentes. En El Chaltén viven alrededor de 1.500 personas de manera permanente, y en temporada alta el número de visitantes supera ampliamente esa cifra.

Desde organismos científicos y desde el municipio se trabaja en un plan de evacuación que permitiría desalojar el pueblo en menos de 45 minutos ante una alerta de derrumbe masivo. La iniciativa incluye la instalación de sensores en puntos críticos y la definición de rutas seguras. Sin embargo, los especialistas remarcan que la prevención tecnológica tiene límites: algunos desprendimientos ocurren sin señales previas detectables.
El turismo es el principal motor económico de El Chaltén, lo que pone en tensión la gestión del riesgo con los intereses comerciales del sector. Las autoridades locales insisten en que no se trata de prohibir el acceso a la montaña sino de identificar qué zonas son más vulnerables y en qué condiciones el riesgo se vuelve inaceptable. La discusión sobre cómo regular el trekking en áreas de riesgo creciente recién empieza a tomar forma institucional.
Mientras el debate avanza, los glaciares continúan retrocediendo. El tiempo que resta para tomar decisiones de fondo se achica al mismo ritmo que el hielo.
Fuente: LM Neuquén
¿Por qué el retroceso de los glaciares provoca derrumbes en la montaña?
Los glaciares actúan como soporte estructural de las paredes rocosas. Al retroceder por el calentamiento global, las rocas quedan sin sostén y aumenta la probabilidad de desprendimientos.
¿Qué tan peligroso es El Chaltén para los turistas en este contexto?
El riesgo existe pero varía según la zona y las condiciones climáticas. Las autoridades trabajan en identificar los sectores más vulnerables y en protocolos de evacuación, aunque algunos derrumbes ocurren sin señales previas.
¿Existe un plan de evacuación para El Chaltén ante un derrumbe masivo?
Sí. Se está desarrollando un plan que busca evacuar el pueblo en menos de 45 minutos, con instalación de sensores en puntos críticos y rutas de escape definidas.

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Sin datos publicados en el material disponible, se conoce solo la edición del informe sanitario provincial. Se desconocen por ahora cifras de casos y enfermedades bajo vigilancia.

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