Octubre de 1964: el presidente francés llegó a Buenos Aires en la última escala de una gira por América Latina. Los peronistas tomaron las calles y convirtieron la visita en una demostración de fuerza contra el gobierno de Illia.

El 3 de octubre de 1964, Charles De Gaulle pisó suelo argentino por primera y única vez. Venía de completar un recorrido por nueve países latinoamericanos —Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil— y Buenos Aires era su última parada. Lo recibieron con honores militares propios de un jefe de Estado y héroe de guerra. Pero la formalidad del protocolo duró poco: detrás de las bandas militares y los discursos, la visita se transformó en un campo de batalla político que nadie en el gobierno de Arturo Illia había calculado bien.
Mientras De Gaulle cumplía su agenda oficial, el peronismo —prohibido desde el derrocamiento de Perón en 1955 y excluido de las elecciones que llevaron a Illia a la presidencia— movilizó a sus bases. Hubo manifestaciones, enfrentamientos callejeros y gases lacrimógenos. El hombre que orquestó todo eso desde Madrid, sin pisar el país, fue Juan Perón. Exiliado en España, con su partido proscripto, manejó los hilos de una operación política que terminó beneficiándolo más que a nadie.
De Gaulle no viajó diez mil kilómetros solo para agradecer gestos de solidaridad de la Segunda Guerra Mundial. En Santiago de Chile, antes de llegar a Buenos Aires, lo había dicho sin rodeos: 'Se abre una nueva era en las relaciones de Francia con el mundo latino.' El mensaje era claro: Francia quería recortar la influencia de Estados Unidos en la región. No tenía el poderío económico ni tecnológico para reemplazarlo, pero sí la voluntad de ofrecer una alternativa simbólica y diplomática a los países latinoamericanos que miraban con desconfianza a Washington.
La Argentina de 1964 era terreno fértil para ese discurso. Existía un fuerte sentimiento antiestadounidense —aunque el país dependía de las inversiones norteamericanas para funcionar— y el gobierno de Illia navegaba en aguas turbulentas. El radical había llegado al poder en elecciones parciales, sin la participación del peronismo, lo que le quitaba legitimidad ante una porción enorme del electorado.

De Gaulle tenía poco que agradecerle a la Argentina en términos formales. En junio de 1943, cuando Francia llevaba tres años ocupada por la Alemania nazi, un grupo de militares con simpatías proalemanas dio un golpe de Estado y tomó el poder. Esa logia, conocida como GOU —'Grupo de Oficiales Unidos'—, incluía entre sus filas a un joven coronel llamado Juan Perón. Para cuando tomaron el poder, sin embargo, la apuesta ya era a perdedor: el Ejército Rojo había derrotado a los nazis en Stalingrado y la guerra empezaba a darse vuelta.
Aun así, De Gaulle incluyó a Buenos Aires en su itinerario. La razón era que, a pesar del gobierno proalemán, en la capital argentina funcionó durante esos años un 'Comité de la Francia Libre' que envió ropa, alimentos y dinero a la resistencia que De Gaulle conducía desde Londres. El nexo entre ese comité y el líder francés era Albert Ledoux, secretario de la embajada francesa en Montevideo, quien operó como su enlace en América del Sur.

Cuando se cerró el balance político de la visita, el gran beneficiado no fue Illia ni De Gaulle. Fue Perón. El peronismo usó la llegada del mandatario francés como escenario para demostrar que seguía vivo, organizado y capaz de movilizar masas pese a nueve años de proscripción. Los enfrentamientos callejeros y las imágenes de represión policial dañaron la imagen del gobierno radical sin que el líder exiliado tuviera que hacer nada más que mover sus fichas desde Madrid.
El diario Clarín tituló 'De pie ante el héroe' el día de la llegada de De Gaulle al Aeroparque. Pero el verdadero titular político lo escribió otro: un general argentino que vivía en España y que, una vez más, había logrado que su nombre y su movimiento dominaran la agenda de un país que decía tenerlo fuera de juego.
La visita de De Gaulle quedó en los libros como un episodio de la diplomacia latinoamericana de los años sesenta. En la política interna argentina, quedó como una muestra más de la fragilidad del gobierno de Illia y de la capacidad del peronismo para convertir cualquier acontecimiento —incluso la visita de un mandatario extranjero— en una demostración de poder.
Fuente: TN
¿Por qué De Gaulle visitó la Argentina en 1964?
Fue la última escala de una gira por diez países latinoamericanos. El objetivo declarado era estrechar lazos con la región; el implícito, reducir la influencia de Estados Unidos en América Latina.
¿Qué relación tenía el peronismo con la visita del presidente francés?
El peronismo estaba proscripto desde 1955 y aprovechó la visita de De Gaulle para movilizar a sus bases, generar enfrentamientos callejeros y mostrar su fuerza frente al gobierno de Arturo Illia.
¿Cuál era la posición de Argentina durante la Segunda Guerra Mundial respecto a la Francia de De Gaulle?
El gobierno surgido del golpe de junio de 1943 tenía simpatías proalemanas. Sin embargo, en Buenos Aires funcionó un 'Comité de la Francia Libre' que apoyó económicamente la resistencia liderada por De Gaulle desde Londres.

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