Con haberes que no alcanzan la canasta básica, muchos mayores de 65 años buscan changas o empleos informales para cubrir remedios y alimentos. El fenómeno creció en el último año.

Miles de jubilados argentinos retomaron algún tipo de actividad laboral en los últimos meses porque sus ingresos previsionales no les alcanzan para cubrir necesidades básicas. Medicamentos, alimentos y servicios se convirtieron en gastos imposibles de sostener solo con el haber mensual, que en la mayoría de los casos está por debajo de la línea de pobreza.
El haber mínimo jubilatorio ronda los $280.000 mensuales, mientras que la canasta básica total para un adulto mayor supera ese valor considerando los gastos en salud, que suelen ser más elevados que en otros grupos etarios. La brecha entre lo que cobran y lo que necesitan empuja a muchos a buscar una salida en el mercado informal.
Las tareas más frecuentes que eligen —o que consiguen— son el cuidado de personas, la venta de productos por catálogo, pequeños trabajos de reparación y la elaboración de comida casera para revender. Son actividades que no requieren relación de dependencia formal y que pueden combinarse con el cobro de la jubilación sin perderla, aunque tampoco generan aportes ni protección laboral adicional.
Muchos de quienes volvieron a trabajar acumulan además deudas con farmacias o mutuales por medicación crónica. El endeudamiento con el propio sistema de salud es uno de los factores que más presiona a este grupo: según datos de organizaciones de la tercera edad, una parte significativa de los jubilados llega a fin de mes con saldo negativo después de pagar remedios.
Las actualizaciones jubilatorias de los últimos doce meses no lograron compensar la inflación acumulada. El cambio en la fórmula de movilidad, que pasó de una indexación trimestral a una mensual por inflación pasada, generó meses de pérdida real del poder adquisitivo durante el período de transición. Organismos como INDEC y centros de estudios privados coinciden en que el haber promedio perdió entre 15 y 20 puntos de capacidad de compra en el último año.
A eso se suma la reducción de subsidios a servicios públicos, que encareció las facturas de gas, luz y agua para los hogares de jubilados que no calificaron para la tarifa social. Muchos de ellos viven solos, en propiedades propias pero con ingresos fijos que no acompañaron esos aumentos.
Las organizaciones de jubilados advierten que el Estado no ofrece alternativas concretas para quienes están en esta situación. Los programas de asistencia alimentaria priorizan otros grupos etarios, y los hogares de día o centros de integración tienen capacidad limitada. La vuelta al trabajo, en ese contexto, no es una elección sino una necesidad.
El escenario para los próximos meses no muestra señales de alivio inmediato. Mientras el gobierno nacional mantiene el ajuste fiscal como eje de la política económica, la discusión sobre una mejora estructural en los haberes quedó postergada. Para muchos jubilados, el rebusque cotidiano seguirá siendo la única forma de cerrar el mes.


Fuente: Crónica
¿Un jubilado puede trabajar sin perder el cobro de su jubilación?
Sí, en Argentina un jubilado puede realizar trabajos informales o por cuenta propia sin perder el haber previsional. Si se reincorpora en relación de dependencia, en algunos casos debe suspender el cobro o realizar aportes adicionales.
¿Cuánto cobra un jubilado con el haber mínimo en 2025?
El haber mínimo jubilatorio se ubica alrededor de los $280.000 mensuales, aunque el valor exacto varía según las actualizaciones mensuales que aplica ANSES por inflación.
¿Qué es la línea de pobreza para adultos mayores en Argentina?
Es el valor de la canasta básica total que mide el INDEC, adaptada al consumo típico de un adulto mayor. Incluye alimentos, salud, servicios y otros gastos básicos, y suele superar el haber mínimo jubilatorio.

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